Cambios vitales

MIS SOLILOQUIOS-ANA

MIS SOLILOQUIOS-ANA

MIS SOLILOQUIOS-ANA

SOLILOQUIO                                                                                                                    1-6-2009

Querida Ana:

Sí, una manera muy anodina de empezar una carta, es la que aprendimos en el cole. A partir de ahora escribiré, ¡Hola, Ana! Me gusta más, es menos serio y el querido, añorada y estimada, siempre va implícito en mis “Holas” hacia las personas que quiero.

En esta libreta, que encontré entre tus papeles, y cuya primera hoja me gusta muchísimo y es de tu color favorito, es dónde plasmaré la historia del tiempo que vivimos juntas. No sé ni cuánto durará, ni si acabaré la libreta. Ya sabes que la vida es caprichosa e inesperada y que en cualquier momento los planes que uno hace se derrumban, y todo cambia, y por si no fuera suficiente, yo, a veces, ceso en mis tareas durante tiempo. ¿Quizás es dejadez?, ¿la vida me arrastra a otras cosas? En fin, así soy yo. Ya sabes que en mi libro soliloquios de para Guille no he sido muy constante en los últimos años, aunque sí he plasmado temas importantes sobre mi gran cambio, algo que tú empezaste a hacer de muy jovencita.

Veo que esta es una libreta muy especial para ti, quizás dedicada, por la textura y doblez de sus hojas, a las pinturas japonesas que querías empezar, lo averiguaré.

Ana, esta primera salida va a ser la reproducción de los tres meses, tan intensos, que pasamos en el Clínico, tan intensos, tan duros, sobre todo para ti, con unos silencios que decían mucho, y desde una unión muy sincera y muy íntima. Mi orgullo por ser tu hermana creció aún más en estos noventa días.

Siento que los últimos cuatro o cinco años, llegué al límite de poder acompañarte y muchas veces me alejé de ti. Fue por mi impotencia, Ana, a sostener mi propio dolor, al ver el tuyo y el de mamá, y porque sentía que debíamos cambiar a una relación más sana, sobre todo tú y yo.

Tengo grabada en el corazón la frase que, en uno de los días en el Clínico, me dijiste: “Tú siempre aquí, Isa”. Me gustaría seguir estando.

Te quiero, Ana, y espero y deseo poder seguir escribiendo desde esta paz y esta serenidad que siento en estos momentos.

 

 

 

 

 

 

SOLILOQUIO

7-6- 2009

¡Buenos días, grandes ojos azules! Hoy el mar está de un color tan especial como el de tus ojos. Ojos que llevo sin ver 1 un mes y medio y tres días.

Hoy hace un mes exacto que vi tu cuerpo por última vez.  A estas horas hace un mes te estábamos despidiendo en el tanatorio de Las Corts como a Guille y a papá. Cuánto camino estoy haciendo Ana, como me estoy trabajando, queriendo y sin querer, te doy las gracias una y mil veces por todo lo que aprendimos juntas y por todo lo que iré aprendiendo. El dolor es enorme, Ana, y pensar en lo que has sufrido, para irte, aún me sobrepasa. El sufrimiento llegó a ser el eje de tu vida que fue muy dura los últimos años.

Cada día me doy más cuenta que poco podía hacer yo para que fueras más feliz. La vida es de cada persona, y, el modo de vivirla, personal e intransferible como el dolor.

Con Guille aprendí a aceptar todo aquello que llega, por azar, en la vida independientemente de lo que hagas o hayas hecho por alguien. Contigo espero lograr integrar mi orgullo y mi soberbia creyendo que puedo cambiar el destino de las personas a través de mi ayuda. Mentalmente lo tengo muy claro, con nuestras últimas vivencias de estos años juntas, lo he ido integrando.

Toda mi vida intentando, como con mamá, hacerte ver las cosas distintas a cómo las veías y protegiéndote, aún, sabiendo que no estaba en mis manos. Posiblemente era para que yo pudiera vivir más tranquila

Espero empezar pronto la historia de nuestra vida en común. Lo haré a través de los álbumes familiares y de tus álbumes de viajes.

Primero quiero escribir los últimos tres meses compartidos. Puede haber algo de egoísmo en ello ya que quiero estar más libre de dolor para comenzar a escribir nuestra relación de hermanas con sus risas y sus llantos.

¡Te quiero!

Isa