Cambios vitales

Duelo de la Tercera edad

Duelo de la Tercera edad

Duelo de la Tercera edad

Se considera a una persona mayor a partir de los 80/85 años. Podemos encontrar muchos recursos para la última etapa de vida si todavía podemos, queremos y sabemos disfrutar nuestros días. Tenemos a nuestro alcance opciones para disfrutar de una buena vejez si sabemos lo que nos interesa, y sobre todo si la salud y el entorno nos acompaña.

Encontramos personas de estas edades que aún están muy activas y en pareja, estar activo es sentirse útil hacia la sociedad y hacia nosotros mismos. El hecho de tener nietos o bisnietos y disfrutarlos, decimos disfrutarlos no obligarnos, nos hace también rejuvenecer y auto valorarnos a nivel familiar. Es un buen momento de vida para repasarla y ver los frutos que dejaremos al marchar.

Se pueden llenar muy sanamente estos años y tenemos todo el derecho a hacerlo. Actividades para escoger no faltan y seguro que podemos encontrar todo aquello que nos gusta y nunca hemos podido disfrutar: música, teatro, literatura, gimnasio, grupos de amigos dispuestos a hacer salidas, ir a charlas, viajes…

Si los recursos son limitados tenemos en algunos ayuntamientos  actividades gratuitas de todo tipo, asociaciones de barrio, centros especiales 3ª edad etc…

Este arte de afrontar la vejez siempre depende del carácter de las personas que por suerte llegan, hay muchas que se quedan por el camino. Si  se tiene un carácter donde la aceptación sea uno de los grandes ejes  de vida será más  fácil vivir la senectud.

Quién ha estado aprendiendo a conocerse interiormente durante el tiempo que ha vivido sabrá aceptar que la muerte es la última etapa de vida. Invito a aprovechar todo el que nos regala esta etapa. Siempre es doloroso dejar a los que estimamos, quizás nos gustaría ser eternos, aunque ser eternos no forma parte de la vida. No dejemos de vivir antes de tiempo ni por nosotros ni por los que nos rodean.

Lo que sí  se necesita cuando nos hacemos mayores, más que nunca, son más manifestaciones de afecto y complicidad de los nuestros, saber que nuestra vida ha merecido la pena, estar en paz con todos y con el mundo, y sobre todo sentir que en estos últimos años formamos parte del mundo.

Siempre tenemos que tener un objetivo de vida, un proyecto sencillo, no a largo plazo, ni fuera de nuestras posibilidades. Una salida, un cine, ver familiares, amigos, una charla de nuestro interés, etc. Todo esto que tanto deseamos normalmente a partir del 55/60 año, se vuelve un problema vital cuando llegamos a esta edad.

Si existe una vejez no deseada, es aquella en la que nos encontremos solos, sea en casa o en una residencia. Si además sufrimos alguna enfermedad importante, este último tramo de vida puede ser bastante complicado física, mental y emocionalmente, para uno mismo y para la família.

La soledad también la hemos vivido, quizás, en alguna etapa de vida, pero es cierto que cuando la edad avanza va acompañada de más miedos a todos los niveles, y también es cierto que casi todo el mundo tiene más miedo a una etapa como la descrita que de la muerte.

Hoy en día el dolor físico y emocional está muy protocolizado en cualquier enfermedad grave y encontramos, cada vez más, una gran mejora en el ámbito de los equipos sanitarios en el acompañamiento hospitalario y domiciliario.

La geriatría también está muy avanzada, a pesar de lo que hemos vivido con el Covid-19, tenemos residencias geriátricas de buena calidad. Si tenemos una buena convivencia familiar, estarán a nuestro lado y nos sentiremos acompañados y reconocidos.

El hecho de que una persona de esta edad pierda su pareja puede llevarla a un duelo muy largo e incluso, a no poder resolverlo. Si eran muy dependientes la una de la otra, el vacío que deja el que marcha es difícil de llenar, aun teniendo en cuenta a la familia, puesto que están habituados, mayoritariamente, a tener una vida propia de pareja con vivencias comunes bastante independiente. Se suelen encontrar muy extraños en los ambientes en los cuales se movían siempre como pareja. Esta situación no es privativa de la vejez, es un sentimiento común cuando se pierde la pareja. Cuando se es más joven, no hay tanta dependencia entre ambos y se tienen más herramientas para rehacernos.

Si la pérdida que se vive es la de un hijo o nieto, el duelo que se pasa a estas edades es un duelo como adulto, agraviado por el hecho del sufrimiento por el resto de los que quedan y el pensamiento distorsionado, pero comprensible, que eran ellos quién debían haber fallecido por su edad.

A las pérdidas personales de las personas mayores hay que añadir el deterioro físico y psicológico que va llegando despacio y que no es fácil de aceptar, tanto por ellos como por los familiares. El hecho de dejar su hogar, para ir a vivir con hijos o a una residencia, es un cambio muy importante a esta edad ya que   pierden su entorno que es una parte muy importante de vida, en estos cambios  tenemos que respetar los tiempos que necesite la persona, ser más amorosos y atentos que nunca y visitarlos tan a menudo como hasta entonces.

El envejecimiento es un proceso extraordinario donde usted se convierte en la persona que debía haber sido siempre»

David Bowie

 

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