Cambios vitales

Duelo Preadolescencia y Adolescencia

Duelo Preadolescencia y  Adolescencia

Duelo Preadolescencia y Adolescencia

Hablaremos ahora del duelo de los preadolescentes y adolescentes. Entendemos por preadolescente y adolescente a partir de los 12 años a los 18/19, aunque depende mucho de la madurez de cada persona. Esta edad, una de las más complicadas por las que pasa el ser humano, es  donde se empieza a gestionar la independencia de los padres, se puede sentir que ya no los necesitamos como antes y que somos capaces y tenemos el derecho a vivir nuestra vida como queramos. Quizás no lo verbalizan, pero si lo sienten interiormente. Se empiezan proyectos vitales de vida, estudios, viajes y aficiones y aparecen los primeros contactos amorosos. Se nos presenta la vida para cogerla fuerte y empezar a tomar decisiones sobre nuestro futuro. Los padres continúan siendo un gran referente, a pesar de lo que hemos dicho, si la relación es buena ellos son la mejor consultora individual y la más económica que tienen para ayudarlos en la toma de estas decisiones vitales. Es la época de los descubrimientos de ellos mismos y en la que empiezan a intentar romper los vínculos familiares por mucho que los protegieran. Tienen la necesidad de ser ellos mismos y nunca la réplica de padres o hermanos.. Así tiene que ser, puesto que los hijos no son propiedad de los padres sino de la vida. Los han hecho llegar al mundo, los han acompañado de pequeños para que sobrevivan, los siguen acompañando, si les hace falta, en la adolescencia y toda la vida para aprendan a vivir con libertad y respeto hacia ellos y hacia el mundo. La adolescencia es una época muy complicada en la comunicación familiar, los hijos se sienten mayores para hacer  lo que ellos desean y los padres los ven pequeños para tomar según que decisiones.

Este es el primer duelo psicológico que quizás viven las familias, el paso del niño al adolescente y/o de adolescente adulto. Los padres no los sienten tan suyos, ven que se abre una gran separación entre lo que vivían y lo que está llegando.

¿Qué pasa al perder uno de los progenitores en la etapa en que la vida sonríe, cuando se están convirtiendo en ellos mismos y, quieren que nada ni nadie pare esta explosión de vida? Como hemos visto en las pérdidas de niños, también en la adolescencia la  más sentida es la de padres y hermanos. Se dan cuenta de la manera más dolorosa posible que el mundo ideal no existe. Los padres, ya lo hemos dicho, siempre son un referente para los hijos tanto si ha sido una relación dulce como complicada, puesto que ellos nos han dado la vida. Es el vínculo  más fuerte que tenemos en la vida durante muchos años. La manera de hacer el duelo será ya como la de los adultos, ellos saben interiormente que la muerte existe, se les haya enseñado o no.

 Durante la adolescencia y la primera etapa adulta pueden mostrar más rabia, ira, vergüenza, envidia ante su entorno o se pueden volver muy callados, sin ganas de ver a nadie, escondiéndose de sí mismos. Cualquier reacción será más exagerada, puesto que el histrionismo es uno de los síntomas de la adolescencia.

Se tienen que vigilar mucho las reacciones a la pérdida, nos podemos encontrar con temas de consumo fácilmente (la adolescencia es etapa de probarlo todo). Éste puede ser un refugio no adecuado, sí, pero para ellos es un refugio. Consultar siempre con un médico para que nos pueda ayudar a enderezar cualquier cambio que pueda ser peligroso.

Una de las mejores ayudas, si lo aceptan, es la escucha activa y hablar de la persona que murió, repasar la vida que hicieron juntos y aclarar y explicar cualquier duda o pregunta que tengan sobre el tema. Hablamos de pérdida de progenitores y lo hacemos extensible a hermanos, amigos, separación de los padres o pérdida del trabajo que lleve a un gran cambio familiar.

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