Cambios vitales

Etapas del Duelo

Etapas del Duelo

Etapas del Duelo

Sabemos que un duelo no es una enfermedad sino una respuesta natural del ser humano ante una pérdida vital.

Al hacer la elaboración de duelo se pasa por diferentes etapas o fases, según la fase puede parecer una depresión o un estado neurótico de euforia. Puede haber una fluctuación entre estos dos estados incluso en un mismo día.

Según el grado de angustia e insomnio que tengamos es bueno consultar al médico de cabecera, esto hará que podamos elaborar la pérdida incluso más eficientemente.

La elaboración de una pérdida depende principalmente del vínculo que tengamos con la persona, el objeto o situación perdidos y del carácter estado emocional de la persona que queda más la edad del que se ha ido y del que se ha quedado y las circunstancias que hayan rodeado dicha pérdida.

Elaboración del Duelo y sus fases

  1. Fase de aturdimiento o shock: Negación de la pérdida. Incredulidad del que estamos viviendo. Desconexión de la realidad.
  2. Fase de añoranza o investigación: Urgencia de reencontrarse con el difunto. Incredulidad, tensión, llanto y tendencia a mantener una imagen visual clara del difunto.
  3. Fase de rabia: Rabia e ira por la pérdida. Investigación de culpables. Incluso podemos auto inculparnos culparnos por indulgentes o culpabilizar a la persona que se ha ido por abandonarnos.
  4. Fase depresiva: Sentimientos depresivos, aversión a seguir hacia delante sin ver un futuro claro. Indignación por seguir viviendo. Anímicamente muy bajo para llevar la vida que teníamos.
  5. Fase neurótica: Actividad intensa y descontrolada para no llenar nuestra vida y no entrar en el aquí ahora.
  6. Fase de reorganización: Se rompen los vínculos con la persona u objeto perdido y se establecen nuevos vínculos. Volvemos gradualmente la vida.
  7. Debido a lo que hemos vivido se pueden dar cambios de nuestros valores, intereses y creencias que nos llevan a una nueva visión sobre la vida futura.

Recomendaciones para las personas en duelo.

Darse permiso para sentirse mal. No huir de los y permitir el llanto, no esconder el dolor y compartir la tristeza. El llanto actúa como válvula liberadora de la tensión interna.

Normalizar la pérdida y saber y sentir que es apropiado experimentar tanta tristeza. Prepararse para las recaídas. Prepararse para la llegada de fechas señaladas, especialmente, los cumpleaños, la Navidad, y fiestas familiares.

Buscar personas que permitan expresar como siente y vive cada momento de su duelo.

Sentir las emociones intensamente. Los sentimientos intensos, como respuesta a la situación de duelo, nos llevan, tan solo, a un desequilibrio emocional transitorio y nos ayudan a recuperarnos.

Aprender a vivir con la pérdida y tomar las propias decisiones. Independizarse emocionalmente de la persona o el objeto perdido y establecer nuevas relaciones.

Darse tiempo, no querer correr ni saltarse etapas, dar tiempo para que la situación vaya madurando. Saber esperar.

Probar nuevas actividades. Es un proceso de ensayo – error, de disciplina, más que de motivación.

Tener un objetivo claro y cumplirlo.

Cuando la pérdida es de una persona que ha muerto, encontrar la manera de recordarla y mantener vivo el recuerdo sin que haga daño, sencillamente tenerla presente, poder hablar, buscar rituales sencillos para recordarla (ver fotos, encender una vela, escuchar su música, flores, etc.).

Reorganizar las cosas personales de la persona que ha muerto. No delegar este trabajo a otras personas; es bueno hacerlo cuando la situación lo permita, nos lleva a estar presente en nuestra nueva realidad de vida.

Aprender a protegerse de las situaciones y de las personas que alteran el estado de ánimo, que inquietan y estorban, como por ejemplo reuniones donde haya mucha gente, personas que dan consejos inadecuados y enjuician nuestro estado. Tener la capacidad de escoger nuestra lo que realmente necesitamos en estos momentos.

Tener presente que aferrarse a nuestro mundo conocido es un síntoma de inseguridad que en un primer momento necesitamos. Solo conocemos nuestro pasado y lo proyectamos hacia nuestro futuro con todos las personas y elementos que nos rodean y esto ha cambiado.

El hecho de quedarse en el pasado impide la evolución y conduce al estancamiento.

 

Recomendaciones:

NO TE PIDAS, DÁTE.

PARA TODAS LAS PERSONAS

La situación actual es muy delicada. Desde que se inició tanto el estado alarma como el confinamiento, nuestros 3 centros cerebrales están afectados de forma severa durante toda esta etapa:

-tu centro cerebral reptiliano (que funciona a nivel inconsciente y se encarga de la supervivencia en todo lo más primario y de nuestra autorregulación para la conservación, alimentación, descanso, seguridad básica, etc)

-tu centro cerebral límbico (o mamífero, que se encarga de nuestras emociones, de nuestros vínculos y vida social, comunidad, del cariño físico, de nuestra autorregulación afectiva en lo íntimo y grupal, etc)

-tu centro cerebral racional (o del neurocórtex, que se encarga de nuestra elaboración cognitiva, decisiones conscientes, discernimiento, operaciones del pensamiento para la vida, voluntad para la acción, planificación, evaluación, etc)

Nuestro tricerebro no está en unas condiciones normales, habituales, conocidas, y tampoco sanas. Y está sometido y expuesto a mucha adversidad impactante que lo compromete de forma importante y nos coloca a cada persona mucho más en nuestra fragilidad. Todos dentro de cada uno tenemos mucha fragilidad.

En estos momentos de estado de alarma, nuestro cerebro reptiliano, que opera a nivel muy inconsciente y que es el encargado de lo instintivo y de nuestra supervivencia, no solo está en una alerta interna tremenda porque desconoce que el peligro está fuera del interior del organismo y no dentro del propio organismo (él solo nota el peligro pero no sabe que está fuera), sino que además está consumiendo mucha energía porque le están pidiendo que siga en alerta, que se defienda, que preste mucha atención a todo lo que le rodea, para no contagiarse, para no contagiar, para limpiar, para no manchar, para detectar dónde corre peligro y dónde puede relajarse… Además no tiene el contacto natural con su hábitat, la naturaleza, y el movimiento exterior. Está muy activo, consumiendo mucho, en hipervigilancia y tensión continua o muy frecuente. Opera a un nivel muy inconsciente, al margen de lo que tú creas y al margen de tu voluntad.

Por otra parte nuestro cerebro emocional ahora tiene más limitada la posibilidad de recarga suficiente de energía de abrazos, contactos, diversión en los vínculos físicos, flujo afectivo físico, presencia física disponible de los otros, ni de gozo con ellos físicamente, ni de contención afectiva física, etc. Al contrario, en buena parte está triste por perdidas, alejamientos, distancias, soledad, sufrimiento de los lejanos o de los cercanos… No está siendo nutrido ni atendido tal como naturalmente necesita, o bien tiene dificultades importantes para ser atendido tal como necesita, y si no se recarga, está gastando lo que no tiene. Está percibiendo además calles solitarias, supermercados con protocolos de película que parecieran de ficción o distópicas, gente con mascarilla, sin recursos de apoyo, situaciones de estrés, noticias que asustan… Es decir, está con las emociones alteradas y con mucha mayor dificultad para atenderlas. En un desequilibrio importante.

Y en estas condiciones, si le estamos pidiendo al cerebro racional que rinda como si no pasara nada, que aporte el 100% de su energía, incluso más, porque hay novedad, porque hay que improvisar, ser creativos y creativas para buscar recursos diferentes, aprender nuevas formas de vida, trabajo o estudio, pues eso supone en realidad que le estamos pidiendo que rinda un 150 o 200% cuando parte de esa atención tiene que dividirse en su propia autorregulación orgánica, la familia que le rodea y necesita de su atención, o en atender la casa, o en apoyar a familiares o pareja o amistades, o trabajar atendiendo a otros muchos, etc. Ese cerebro racional no tiene las condiciones sanas de apoyo emocional ni reptiliano. Está hiperexigido y con poco soporte o mucho más limitado.

Haciendo todo esto es fácil enfermar, física y emocionalmente, y también psíquicamente. Nuestra salud social ya está afectada por el distanciamiento requerido, pero con estas conductas y exigencias, estamos destruyendo nuestra salud emocional y física.

La salud requiere de ajustes organismicos a las realidades que vivimos en cada momento y esta realidad requiere otra forma de funcionar, donde al cerebro racional se le pida la mitad, ¡no el doble!

Por tanto, a los colectivos de estudiantes, y a los de trabajadores, por favor, paremos de exigirles como si no pasara nada. Como trabajadores o trabajadoras, rindamos la mitad. A quienes tengamos en contrato o a las personas de nuestro equipo, pidámosles la mitad. Cuidémosles a tod@s así. Bajemos nuestras exigencias, nuestros retos, nuestras pretensiones. Esto tiene un tiempo limitado de duración, ya haremos después lo que sea necesario pero ahora toca frenar y stop.

Y a cada persona en su interior, en su vida, no te pidas, dáte.

Cuidémonos y cuidemos a quienes nos rodean. Pedirte menos es cuidar más.

En este caso, MENOS ES MÁS. Menos pedirte, más darte.

El camino es dándote a tí, no pidiéndote.

Una mente que le pide al organismo lo contrario a lo que el organismo está experimentando, es una mente que necesita ser domada y reeducada. Fíate siempre del organismo, porque al organismo siempre le está ocurriendo lo que necesita.

Ya es hora de que tu mente le devuelva más a tu organismo su legítimo permiso. Es ahora.

No te pidas, dáte.

Mario Alonso Puig – Encontrando la paz interior

Música

Película- Tres colores: Azul